Una boda con carpas jaimas al estilo del medievo

    Más de cien invitados disfrazados de época celebraron en la localidad maragata. el enlace de Jose Antonio Riesco, descendiente del pueblo, y Carolina Rodríguez.

    Lagunas de Somoza viajó en el tiempo hasta la época del medievo para celebrar la boda de Sir José Antonio Riesco y Lady Carolina Rodríguez. Tanto los novios como los invitados portaban vistosas vestiduras de la época para festejar el enlace, que carecía de validez legal, pues la verdadera unión fue celebrada el pasado 11 de julio por la vía civil, siendo esta una mera representación a petición de los novios.

    «Desde siempre habían soñado con una boda medieval, mi hijo desde pequeño dijo que si se casaba alguna vez sería en Lagunas y por un rito del medievo», afirmó José Antonio Riesco, padre del novio, quien añadió que los contrayentes habitualmente portan ropas de este estilo.

    Los novios, de 31 años de edad, residen habitualmente en Madrid, siendo la madre del novio natural del pueblo y la familia de la novia proveniente de Ciudad Real. A la boda acudieron aproximadamente 105 invitados, siendo en torno a ocho niños, que danzaron por las calles como si de una película se tratara luchando con sus espadas de cartón piedra. Además, todos ellos tuvieron o bien que diseñar sus trajes o que comprarlos para adentrarse en la época.

    El festejo comenzó a las 13.45 horas, cuando dos caballos se dirigieron a la casa de los contrayentes para recoger, en primer lugar, al novio y posteriormente a la novia, que fue acompañada por la música de tambores y gaitas. A su paso por las calles del pueblo, engalanadas al estilo de la época con banderillas, los vecinos gritaban «viva la novia», mientras esta se ruborizaba por tanta expectación. Su destino fueron unas carpas situadas en las proximidades de la iglesia, donde un actor que ejercía de cura corroboró el enlace ante la expectación de invitados y curiosos.

    Tras la consolidación de los votos y la entrega de los anillos se procedió a la desgustación de la comida. Los novios habían pensado que ya que celebraban una boda medieval los alimentos se debían comer con las manos, pero ante la negativa de la familia y la empresa organizadora finalmente utilizaron cubiertos. Por la tarde, para cerrar, los participantes disfrutaron de un espectáculo de justas ecuestres para cerrar el enlace.

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